La respuesta correcta: un buen packaging.

No queríamos que unos guisantes selectos y un maíz lleno de sol acabaran en cualquier ensalada: solo con gente de buen gusto, que no hace ensaladas sino obras de arte.
Para el proyecto elegimos solo a diseñadores a los que de verdad les gustan los guisantes y el maíz. Para que cada lata tuviera no solo un diseño apetecible, sino alma propia.


Salió un packaging minimalista y apetitoso donde un guisante sonríe al encuentro y dos mazorcas doradas forman un signo de amistad, paz y futura victoria sobre el corazón de quien come.