Lo más difícil es empezar con la hoja en blanco. Ni nombre, ni carácter, ni un lineal al que mirar y decir «esto ya lo tenemos».

Para Bonaparte hicimos las dos mitades del trabajo: inventamos el nombre y lo vestimos de packaging.


El nombre fija el carácter y el packaging lo confirma. Cuando un mismo equipo da los dos pasos, la marca sale entera desde el primer día, no cosida a partir de las decisiones de tres proveedores.
