Una pastelería ucraniano-italiana: el producto como una oportunidad diaria de atrapar un momento de placer.
Biscotti no fue una campaña puntual ni un «lanzamiento». Llevamos la marca varios años seguidos, en Facebook y en Instagram: planes de contenido, sesiones, copywriting, comunidades, moderación de comentarios. Cada día, sin pausas entre temporadas.

Construimos la estrategia sobre el storytelling: intuíamos que el formato encajaría con el carácter de la marca. La intuición se confirmó. Y sobre todo: el formato aguantó la distancia. Una buena idea para un post la tiene cualquiera; sostenerla durante años sin que canse ni a la marca ni al público es otro oficio.


La idea central: escenas con miniaturas y contenido que construye realidad alrededor de una persona. La galleta deja de ser galleta y se convierte en el decorado de una pequeña historia.







